lunes, 14 de enero de 2008

CORPÚSCULOS DE MEISSNER




A veces ocurren hechos inesperados. Quién me iba a decir, cuando me levanté, que acabaría con la cabeza rapada. Estoy acostumbrado a hacer muchas tareas por mí mismo. Yo me pelo y ayer me hice un trasquilón como la babucha de king kong. Después de unas cuantos “to me pasa a mí”, maldiciones y risas nerviosas, después de varios viajes al espejo para ver si ya me había crecido el pelo...estoy enganchado al tacto de mi molondro. Se parece al melocotón, un poco más áspero pero uniforme...nada desagradable, soy consciente de toda la extensión de mi perola, su forma y bultos (testigos de una infancia repleta de juegos)...y no puedo dejar de hacerlo. Ésto me ha hecho recordar que hace tiempo que no me acarician el pelo. Es un gesto muy humano, a veces muy sensual (es el que me gusta), que crea vínculo y acerca a las personas.

Me he dado cuenta que el tacto es el sentido más olvidado. Nos sentimos muy reticentes cuando algún desconocido nos toca o incluso si invade nuestro espacio natural; nos prohíben tocar las esculturas en los museos y galerías (sé por qué pero cómo quieren que las apreciemos totalmente). El tacto es la experiencia que nos mantiene fidedignamente en la realidad y para ello dispone de la piel como instrumento. Damos mucha importancia al tono de piel, a si tiene o no, pelo, manchas o imperfecciones...pero poco valor al hecho de tocar.

La realidad nos ilustra. Y es que cuando llegamos a un acuerdo o saludamos educadamente a alguien, damos la mano (dependiendo del contacto –intensidad, textura, temperatura...- percibiremos muchos marices); cuando nos duele algo...nos tocamos; casi no se puede resistir acariciar a una mascota; cuando los niños nacen enseguida se lo dan a la madre para que sientan al único ser conocido. Qué sería de la sexualidad sin el tacto...pues nada. Cuando alguien es indiscreto o no tiene sensibilidad... carece de tacto.

Hoy soy defensor del tacto como sentido por antonomasia. Necesitamos tocarnos, estar seguros de que existen las personas que queremos (a mí ya no me basta la vista) comunicarnos de otra manera.

4 comentarios:

Aqua Marcia dijo...

Mónica Bellucci, si me estás leyendo...mándame un email

Aguete dijo...

cierta persona te la hizo recordar en una conversacion eh...jaja.
Parodiando una frase que me dijo un alumno poco después del ya famoso 11-S: "a beber y a tocar que el mundo se va a acabar"...

Anónimo dijo...

Yo me enamoré de mi peluquera tras lavados con champú de almendra y cortes a maquinilla. Cuando me enteré de que se iba a casar ya nada era igual, y por despecho comencé a cortarme el pelo yo mismo, pero nunca ha resultado tan satisfactorio...

Anónimo dijo...

Jajajajaja, cómo puedes tener tanto arte y dedicarte sólo a restaurarlo?Ñito, deberías escribir un libro, así te ganabas y buen dinero y te salías de autónomo.
Toy deseando que llegue el viernes pa verte esos pocos pelos que tas dejao, porque ya eres un "medio calvo"famoso.Un besooooooooooo